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26 agosto 2015

Jardines de la Agricultura / Reunión de artistas




Entre los gratos jardines cordobeses destacan los de la Agricultura, también Jardines Bajos. Estos jardines ejemplares surgieron en el siglo XIX como prolongación del campo de la Victoria; el proyecto de crearlos partió en 1811 del invasor francés, “pero esto no llegó a realizarse y permaneció en el mismo estado hasta 1866, en que el Ayuntamiento adquirió dicha haza, que se ha convertido en un extenso jardín dividido en varios cuadros, y abundante de agua”, según testimonia en su Indicador cordobés Luis María Ramírez de las Casas-Deza.
El jardín, felizmente recuperado de la salvajes agresiones que sufría hace años con motivo de la Feria de Mayo, tiene varias lecturas. Una es artística y literaria, que permite hilvanar una ruta a través de los monumentos que lo jalonan. Escritores y artistas dialogan bajo las copas de los árboles desde sus bustos de bronce o piedra. El principal por su interés artístico es el de Julio Romero de Torres, cuya grandilocuencia arquitectónica aplasta un poco la figura en bronce del pintor, tocado con capa, junto a su inseparable galgo Pacheco. “A Julio Romero de Torres”, reza escuetamente en el pedestal del monumento, obra del escultor almeriense Juan Cristóbal González, que fue inaugurado en mayo de 1940 y ha sido objeto de una benefactora limpieza.

No lejos del pintor, y a sus espaldas, un pedestal de marmóreos sillares soporta el busto del escultor Mateo Inurria, labrado por su discípulo Adolfo Aznar Fusac, que fue inaugurado en septiembre de 1928, cuatro años después de la muerte del artista. “Córdoba a Mateo Ynurria”, dice escuetamente el pedestal. No lejos del escultor, también se homenajea a Rubén Darío, “príncipe del verso castellano”, según reza el medallón de bronce que efigia el busto del poeta nicaragüense, fijado sobre un cubo de granito sobre el que se apoya un fuste truncado.
Y a corta distancia, otro pedestal de piedra gris sostiene el marmóreo busto del músico Cipriano Martínez Rücker, labrado por Enrique Moreno El Fenómeno, inaugurado en enero de 1925, a los pocos meses de su muerte. Así pues, reúnen los jardines a un pintor, un escultor, un músico y un poeta; aquí está el embrión de la idea que inspira la Fundación Antonio Gala.
También admiten los jardines una lectura filosófica, al amparo del espíritu de Séneca que anida en ellos. Muchos cordobeses mayores aún recordarán con añoranza la Biblioteca Séneca, un pabellón con las obras del filósofo a disposición de los lectores, que tomaban asiento en unos bancos de azulejos dispuesto alrededor, en forma oval; la pequeña caseta con los libros desapareció, pero como recuerdo se conservan los bancos, decorados con orlas, volutas y una treintena de pensamientos senequistas: “¡Cuántas gentes mienten para engañar! ¡y cuántas otras porque han sido engañadas!”; “Nadie querría la vida, si no la recibiera por sorpresa”; “Tanta debilidad hay en hacer mal, como en permitirlo”;“Una cosa inútil es demasiado cara aunque no cueste más que una vagatela”; “Es natural al hombre el admirar más bien lo nuevo que lo grande”; “La crueldad nace siempre de la debilidad”; “El miedo aconseja siempre muy mal”, etcétera. Sigue siendo un placer tomar asiento aquí con un libro de Séneca en las manos.

Y otra lectura, acaso la principal, es botánica. Una rejuvenecedora reforma ha pavimentado los paseos y ha aligerado la fronda vegetal, convirtiendo los jardines en una acogedora isla verde que, aunque rodeada de tráfico por todas partes, conserva un recogimiento que hace grato el paseo. En su libro Parques y jardines cordobeses, imprescindible para el conocimiento de riqueza vegetal que puebla tan gratos espacios, Lola Salinas y Manuel de César consideran éste como “el más rico en especies vegetales de cuantos parques adornan nuestra ciudad”, y para demostrarlo relacionan la treintena de árboles diferentes que en él crecen: plátanos de sombra, ailantos, olmos, acacias, robinias, moreras, naranjos, álamos, fotinias, prunos, pinos, aligustres, casuarinas, árboles de Júpiter, jacarandas, palmitos, magnolios, palmeras whasingtonias, granados y un viejo cedro, a los que hay que añadir ejemplares únicos de ginkgo –superviviente del mesozoico–, esterculia, castaños de Indias, tilo, sófora péndula, cica, jaboneros de China y malváceas. Por no hablar de las especies arbustivas de temporada, que suelen variar.
Entre los estanques el más popular es el que llaman de los Patos, por los palmípedos que, ajenos a la curiosidad infantil que despiertan, nadan impasibles en un circular anillo que abraza una islilla en la que crece las palmeras. La última sorpresa floral que guardan los jardines es la romántica rosaleda, que, junto a la avenida de América, estalla de color por primavera.

La capital
Rincones de Córdoba con encanto
Francisco Solano Márquez (2003)

25 agosto 2015

Jardines de Colón / El corazón verde

Fuente exterior
La Plaza de Colón tiene en los jardines del antiguo Campo de la Merced, remodelados en 1994, un corazón verde donde buscar refugio frente al tráfico circundante, la prisa, el desasosiego. Una isla de vegetación rodeada por un anillo de edificios de siete plantas que la ahogan; este perímetro renovador ha respetado, menos mal, la torre bajomedieval de la Malmuerta y la fachada barroca del antiguo convento mercedario, cuya noble arquitectura se transparenta por entre la arboleda. No debe extrañar el porte de los árboles que aquí elevan sus copas hasta sobrepasar los edificios del entorno, pues están fertilizados por las cenizas de patricios romanos que hace dos milenios encontraron el reposo eterno en el cementerio que hubo en el lugar, como aún testimonia el topónimo de la cercana Puerta de Osario.
      Pero el semblante que hoy ofrecen los jardines no es de muerte sino de vida; palpita la vida bajo la arboleda, que cobija amorosamente los juegos de niños, la tertulia doméstica de las madres vigilantes, la taciturna reunión de jubilados, el diálogo sin palabras de los amantes, los perros cautivos y las palomas libres, que se desplazan en un blanco barullo hacia la mano que les brinda alimento... Dos ritmos bien distintos tiene la vida que transcurre en los jardines: el sosiego de quienes están, y se sumergen complacidos en la envolvente compañía de la vegetación, y el andar apresurado de quienes pasan, ajenos a un espacio privilegiado que desprecian sin dejarse seducir, mero atajo en su trayecto cotidiano.

Morabito
      El centro geométrico de este corazón verde lo constituye la fuente, que, como los propios jardines, tuvo un parto lentísimo y laborioso; emprendió ambos proyectos en 1835 un efímero alcalde, el Conde de Torres Cabrera, pero no cuajaron. Los jardines actuales responden a un proyecto de 1905, mientras que la fuente se construyó en los años veinte. Es una obra de aliento neorromántico, realizada en hormigón por el escultor Rafael del Rosal, según proyecto del reputado arquitecto Carlos Sáenz de Santamaría. Sobre el centro del gran pilón circular, anillado por tuyas, surge el pilar central, sobrecargado de veneras y peces de leyenda, sobre el que se encaraman dos tazas decrecientes rematadas por el penacho de un copioso surtidor, que al caer se desmaya en guedejas de agua.
      Una docena de bancos de fundición pespuntean el perímetro de la circular explanada –su forma recuerda la de la plaza de toros que hasta 1831 hubo en el lugar– e invitan a contemplar el grato espectáculo. El rumor del agua, el zureo de las palomas y las risas infantiles levantan una bucólica barrera acústica que amortigua el molesto ruido del tráfico, incesante más allá de las verjas de dorados remates, que proporcionan a los jardines un toque palaciego. Los ocho paseos radiales conectados con las entradas confluyen en el círculo central, todo pavimentado de rojizos adoquines, que, aunque proporcionan más pulcritud, añoran el albero de antaño. A la vera de la fuente dibuja su exótica silueta oriental el somnoliento morabito, hoy transformado en modesta mezquita y sede de la Asociación de Musulmanes. En el contiguo parque infantil juegan los niños, ajenos a cualquier tentación de xenofobia.

Fuente central
Hay que recurrir a Lola Salinas y a Manuel de César para que, a través de su libro Parques y jardines cordobeses, nos guíen por la botánica del recinto, “de los más cuidados y bellos entre los cordobeses”, que anotan entre su arboleda robustos plátanos de sombra, palmeras datileras y canarias, melias o árboles del paraíso, naranjos, recios pinos, esbeltas casuarinas, moreras, tres cedros del Himalaya y álamos blancos, así como ejemplares únicos, como la acacia de tres espinas, el brachichiton, la mimosa, el perfumado mandarino y los cipreses grises. Sin contar las arbustivas plantas que crecen en los parterres, ahora alfombrados de césped, en los que se agrupan macizos de cañas y de agapantos, que al final de la primavera mecen sus violáceas flores sobre esbeltos tallos cimbreantes.

1. La capital
Rincones de Córdoba con encanto
Francisco Solano Márquez (2003)

23 agosto 2015

Puerta de Baeza - Campo Madre de Dios



Descripción
Se encuentraa Extramuros de la ciudad en el llamado Campo de Madre de Dios, hoy Puerta de Baeza, se encuentra situada una fuente de bella factura construida en el año 1748 siendo Corregidor de la ciudad D. Fernando Valdés Quirós. También es conocida como Fuente del campo Madre de Dios.
Estaba abastecida de agua de la llamada de La Palma procedente de los manantiales del arroyo Pedroches y dotada de 9 1/2 pajas de agua “biencumplidas” según el informe emitido en 1770 por Francisco Bonilla maestro cañero de la ciudad por mandato de la Junta de Propios que se celebró en la ciudad el 9 de Octubre de 1770. 
Descripción arquitectónica
Es de estilo Barroco y está compuesta por un pilar rectangular que también servía deabrevadero, en cuyos lados menores de forma curvilínea, se hayan adosadas las pilastras de sección cuadrada profusamente labradas a modo de placas en sus cuatro caras y rematadas por una especie de pináculos cuatrifontes formados por cuatro mascarones labrados en la piedra. En los lados interiores hay talladas dos semiesferas en las que está instalado el caño metálico por donde se vierte el agua al pilar.
En el centro se haya un fuste o pedestal octogonal hasta cierta altura por encima del nivel del agua y de forma octogonal abalaustrada terminando en capitel también octogonal no muy alto en donde comienza una pileta cóncava de planta octogonal con cuatro mascarones adosados en los que se alojan los caños que vierten agua al pilar principal. 
Por encima de la pileta continúa el fuste central en forma de octógono con cuatro caños que vierte agua a la pileta. Toda la fuente está construida con piedra gris de la ciudad excepto cuatro escudos embutidos en las cuatro caras de las pilastras laterales que son de mármol blanco así como los pináculos de remate de las susodichas pilastras. 
Antecedentes históricos
En 1728 siendo Corregidor D. José Bustamante Loyola, los Sres. Juan Antonio Camacho como maestro de obras de la ciudad, Rafael López Madueño y Luis de Aguilar Ariza maestros del arte de albañilería y Alarifes de esta ciudad, diseñaron la fuente que en su día se colocaría en la Carrera de
la Fuensanta para la que hicieron las trazas y dispusieron de todo lo necesario para su construcción con un coste de 3000 reales de vellón.

Según las trazas de las citada fuente, esta no fue la que al final se hizo ya que se trataba de un pilar a dos caras mucho más pequeño que el que finalmente se colocó. La actual, en un principio se construyó más arriba de donde está actualmente. Según alguna fotografía, seguramente estaba delante de las antiguas lonjas y en donde hoy pasa la carretera. En el año 1959 se trasladó al jugar que hoy ocupa.Aspectos culturales y etnográficos
Se sabe que el 31/07/1836, año de sequía como muchos que hubo y hay en Córdoba D. José Salinas (Alcalde de la ciudad) dio orden al visitador de consumos para que desde esa misma noche, permaneciera abierto hasta las nueve el portillo de Baeza para que los vecinos pudieran surtirse de agua de la fuente sin tener que ir a la más próxima situada en San Pedro.
Otra información
Forma parte del catálogo de bienes protegidos del conjunto histórico de Córdoba con la identificación H-14. 
Nombre del autor/es y fecha de la ficha
J. Béjar García
28-11-2013
Fuente
http://www.conocetusfuentes.com
Manantiales y Fuentes de Andalucía